Ayer perdimos 3 a 2 contra Wanderers y complicamos definitivamente toda aspiración por conseguir el Campeonato Uruguayo. Ya no sólo no dependemos de nosotros mismos, sino que podemos caer debajo de 6 ó 7 equipos para cuando termine la fecha hoy.
Algunos dirán que fue un partidazo. Otros dirán que tuvimos una pelota en el travesaño, que fuimos más en el primer tiempo, que nos sacaron un gol en la línea pasada la hora. Que no merecimos perder.
Pero la realidad es que fuimos un desastre y fuimos superados futbolísticamente por el rival de turno, y merecimos la derrota que finalmente obtuvimos.
Hicimos 2 goles, sí. Tuvimos otro par de chances claras, sí. Pero, ¿el rival qué? ¿No tuvo mínimo 10 chances clarísimas de gol que no supo culminar?
Y mientras el rival llegó tocando, haciendo paredes, buscando espacios, con mucha movilidad; lo nuestro fue muy diferente: algún que otro desborde, sí (por el lado de Pereiro), pero casi todo fueron bombazos al área desde donde se pudiera a ver qué salía. Ambos goles nuestros fueron así: pelotas al área que quedaron picando y Pereiro (para el 1-0) y Mascia (para el 2-2) la mandaron a guardar.
Esa fue la diferencia ayer, y es la diferencia en casi todos los partidos: los rivales juegan mejor que nosotros en los sectores de la cancha en los que más duele: cerca del área. Ayer Wanderers tuvo no menos de 8 contragolpes en los que pudo haber hecho el 4-2. Todos dicen que de contragolpe es más fácil, pero, ¿nosotros habríamos generado tantas chances de contragolpe? No, porque no progresamos bien por la cancha, no llegamos tocando, ni en contragolpe, ni muchísimo menos cuando tenemos que tener la iniciativa y el rival nos espera con dos líneas de cuatro.
No se puede pretender jugar a lo Barcelona, pero al menos se le puede pedir al equipo que de mitad de la cancha hacia adelante haga tres toques seguidos, una pared, un desborde; que los delanteros se muevan sin pelota buscando espacios, que se la pidan al compañero. Que Pereiro, De Pena, Giménez o quien juegue se la pasen a Alonso y que piquen al vacío, en lugar de esperar a ver qué hace nuestro nueve para luego recién moverse en consecuencia. Y que Alonso tenga, por diseño del DT, la responsabilidad de recibir y tocar de primera a un compañero que automáticamente vaya por tal o cual sector, como practicado en la semana; y no tenga que recibir, mirar hacia todos lados, aguantar con su físico al rival, y luego recién descargar cuando alguien aparece...
Ayer hubo muchos errores, aparte de la falta de automatización y juego colectivo en ogensiva. El primero de ellos, la forma en la que se paró el equipo: 4-2-2-2, con dos volantes de marca vagabundeando en el círculo central y dos volantes ofensivos pegados cada cual a su lateral, por lo que entre el círculo central y la media luna del área rival (donde estaban nuestros dos hombres de área) había una estancia de 40x40 metros que hacía que Wanderers ganara cada despeje y tuviera tiempo para pensar cómo contragolpear.
Pelusso le dijo adiós (ya hace unos cuantos partidos) al 4-2-3-1 de antes, y optó por hacer un hueco en la posición de 10, sin que nadie esté atento a esa parte del terreno. En el segundo tiempo, cambió un poco y puso a uno de los dos 5 más adelantado. Lo curioso fue que ¡Prieto estaba delante del peruano Cruzado! ¡Incomprensible! ¡Prieto no es un gran pasador y Cruzado no marca! ¡Prieto marca y Cruzado pasa con criterio la pelota! ¿No debería haber sido al revés? Prieto perdió varios balones y el peruano no supo recuperarlos, algo un poco diferente pudo haber sido si se paraban al revés... quizás Cruzado perdiera balones, pero al menos Prieto podría haber recuperado alguno, en lugar de ver pasar a los rivales.
El peruano por sí sólo fue otro de los errores del partido. En lo individual tuvo un pobre desempeño. Erró más pases de los que acertó y no paró a nadie. Pero, ¿es su culpa? Luego de 3 ó 4 partidos relativamente buenos de él jugando como 10, Pelusso lo puso de doble 5, y a partir de entonces su rendimiento ha oscilado entre lo lamentable y lo desesperante. Alguien dirá que el peruano prefiere jugar ahí, y yo pregunto: ¿y qué? El DT está para saber dónde rinde mejor un jugador, independientemente de las preferencias de éste. Cruzado, de 5, es un desastre. De enganche, y sin Nacho González, es el único en todo el plantel que puede meter un pase de gol a Alonso y Mascia. En todo el plantel.
Por último, está el problema de la defensa. Ya parece ser insoluble, pero ayer (y en partidos anteriores) empieza a haber agravantes: la escasísima contención que tiene nuestra media cancha. Ayer cada contragolpe del bohemio terminó en chance de gol en nuestra área. Prieto no estuvo en su mejor día y el peruano fue un gran 10 en la posición de 5 (no paró a nadie). Pero, peor aún, el tercer gol de Wanderers no fue un contragolpe y aun así contó con la complicidad de nuestra mitad de cancha: córner, despeje, rebote enviado al segundo palo, el puntero derecho de ellos luchando con Díaz... y, mientras tanto, tres jugadores de Wanderers se movían frente a la zaga cual ataque de básquetbol, de un lado al otro, buscando el espacio. Triangulación perfecta y gol.
La culpa cayó otra vez sobre la defensa, pero, ¿son los zagueros los que deben moverse de un lado al otro -repito el concepto: como en el básquetbol- siguiendo cada uno a un delantero? ¿Dónde están los volantes de marca, en la salida de un córner? Si un zaguero sale, deja un hueco a su espalda, ¡tienen que ser los 5, recostados sobre la línea de fondo (repito: a la salida de un córner, no en un contragolpe veloz, donde puede ser que estén lejos), quienes salgan a cortar ahí! Arismendi lo hubiera hecho, pero ni Prieto ni Cruzado se dieron por aludidos. Algo similar pasó el martes ante Atlético Nacional: Calzada y Dorrego observaron cómo un jugador de ellos paraba la pelota en la medialuna, miraba al arco, apuntaba, medía la velocidad del viento y la dirección, y pateaba, siendo Curbelo el único que salió a marcar.
Es pésimo el funcionamiento de nuestra mitad de la cancha en ese sentido. Somos un futbolito. Los atacantes en el área, los volantes en el medio, estáticos, y los defensas al descubierto, teniendo que hacer remolinos para despejar la pelota lo más lejos posible.
Para terminar, el recurrente error de poner a De Pena de puntero izquierdo. Ayer fue curiosísimo: luego de la cuarta o quinta vez en que el número 16 tiraba centros al área desde tres cuartos de cancha, Pelusso le dijo, gesticulando airadamente, que corriera por el lateral y desbordara más, algo que el jugador no hizo, aun cuando el DT se lo repitió nuevamente minutos después.
No es culpa de De Pena, es culpa de Pelusso, quien a estas alturas debería saber que De Pena no tiene alma de puntero, ni condiciones, ni velocidad, ni habilidad para encarar. Es un enganche y poco más. El que diga lo contrario, no sabe demasiado de fútbol, honestamente. ¿O De Pena se parece a Bueno o Viudez? ¡Sí, claro!
En definitiva, volvimos a caer y empezamos a ver a todos desde abajo. La Tabla Anual parece una utopía, el Clausura ya no depende de nosotros y empieza a quedar lejos. Y, lo peor, podemos caer al cuarto puesto en la Anual y quedarnos sin Libertadores por primera vez en 20 años.
¿Se puede revertir esto?
Claro que sí, con trabajo. Ayer, a puro pelotazo y a los empujones, pudimos haber empatado, por lo que a puro pelotazo y a los empujones, igual le podemos ganar a todos los equipos del medio local. Y, si ganamos los 8 partidos que nos falta, quizás seamos campeones del Clausura.
¡Hay que seguir peleando!
Y empezar a jugar a algo. A lo que sea, pero a algo.
Vamo' Nacional!
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