Ayer perdimos catastróficamente ante Sud América (sólo 2-1, pero lo catastrófico fue el juego del equipo), dejando una más que penosa imagen que acentúa la enorme sensación de crisis que nos rodea desde que terminaron las copas de pretemporada.
Nuevamente una de las claves del mal resultado es la amnesia que parece tener el equipo con respecto a lo que sucedió en el pasado. El plantel parece no recordar que la mayoría de ellos pasaron un pésimo primer semestre en 2014 (perdiendo 12 partidos de los 23 jugados) y cómo lo revirtieron para el segundo semestre (ganando 14 de 15): con intensidad desde el primer minuto y marca férrea en una mitad de la cancha que no dejaba espacios entre el doble 5 y la línea de fondo.
Ese fue el gran cambio que hubo entre un semestre y otro: el ajuste defensivo y la insistencia en el ataque.
En lo que va del año nos hemos mostrado como un equipo anodino, absolutamente incapaz de generar peligro a través del juego asociado, abusando del pelotazo sin ton ni son para que Alonso habilite de cabeza a alguien que sólo puede atinar a patear al arco, sin desborde y con poca gente en el área en todo momento; y encima hemos perdido toda la solidez defensiva, en gran parte debido a la nueva labor de Arismendi como 8 y no como doble 5 con Porras.
Y ni siquiera voy a mencionar la patética insistencia en salir jugando el arquero con los zagueros, para sólo terminar tirando un pelotazo de 60 metros al área rival y correr el riesgo de perder la segunda pelota y que el rival nos agarre con el equipo extendido de área a área, con muchos metros vacíos.
Ayer Sud América quebró nuestro esquema defensivo con sencillas triangulaciones y paredes, dignas del fútbol de los 70s, cosas que nosotros somos incapaces de hacer.
Alguien podrá decir que el primer gol fue un grosero error de Bava y el segundo fue un quede defensivo e intentar explicar la derrota allí. O explicarla con las desatenciones infantiles en el fondo (pases a jugadores de espalda que eran madrugados o veían cómo la pelota les pasaba al lado y se iba al lateral -¿cuántas veces pasó eso? ¿3 ó 4? ¡Fueron momentos hasta hilarantes, de no ser porque nos moríamos de angustia!-). Pero no fue eso lo que nos hizo perder... perdimos por no jugar a nada. Porque lo más parecido a generar peligro es tener a Pereiro en el círculo central intentando eludir a 4 jugadores para luego intentar patear al arco. Porque el más criterioso jugador por las bandas fue Ribaír Rodríguez, un 5 de lucha, y no alguno de los demás laterales o carrileros (De Pena, Díaz y Fernández).
Uno puede cometer errores absurdos y aún así ganar. Pero no se puede ganar si no se hace absolutamente nada por ganar, ni en cuanto al juego ni en cuanto a la intensidad o la insistencia.
De no ser por los esfuerzos individuales casi sobrehumanos de Polenta y el propio Rodríguez (quien pese a varios errores corrió la cancha ida y vuelta mil veces, incansable), nos podríamos haber llevado una goleada. Ambos tuvieron 4 ó 5 quites increíbles que evitaron que algún jugador rival quedara mano a mano con el bastante inseguro Bava. Aun cuando el propio Polenta falló en el segundo gol, no yendo a buscar el rebote a tiempo, fue gracias a él y Ribaír que no nos hicieron más goles antes del primero, después del primero, después del empate y después del segundo.
Arriba, lo dicho: inoperancia absoluta. Seba Fernández protagonizó una tarde para el olvido, perdiendo pelotas consigo mismo un par de veces y cometiendo un sinfín de desatenciones infantiles; De Pena desbordó sólo una vez con criterio (centrando perfecto a Alonso, quien erró el gol en el primer tiempo), pero luego se dedicó a pasear por la cancha, jugando en el medio, no arriba, pero sin siquiera esforzarse por ayudar a Díaz en la marca; en tanto Pereiro se preguntó todo el tiempo qué hacía en la cancha, sin saber cómo proceder y apelando a jugadas individuales a 50 metros del arco que, de haber salido bien, igualmente no hubiesen generado nada más que un tiro de afuera del área.
Mejoramos un poco en el segundo tiempo, hay que decirlo, con el ingreso de Tabó... pero el joven puntero fue tan pocas veces buscado con criterio, que no pudo gravitar lo suficiente. El propio Recoba fue un lamento la media hora que jugó, equivocándose no sólo los pases, sino en la toma de decisiones: dos veces Tabó picó sólo por la derecha, y el Chino decidió en una patear al arco desde 50 metros y en la otra darle la pelota a Alonso, marcado por 4 rivales.
Por el lado izquierdo, fueron más las veces que subió Polenta, que las que subió Díaz: en lugar de abrir la cancha, nuestro lateral se paró en el vértice del área a esperar algún centro o algún milagro para entrar en juego; y realmente su aporte defensivo es alarmantemente bajo para ser, precisamente, un defensa.
Arismendi, por su parte, no gravitó ni en ataque ni en defensa. Jugó más cerca de Pereiro que de Porras y vio todo el partido desde lejos. Arismendi es un 5, y la posición del 5 en la cancha es entre la pelota y los zagueros del equipo propio, no del rival; en especial siendo que Arismendi no es un jugador habilidoso. Si queremos un 5 y un 8, el 8 es Porras y el 5 es Arismendi y no al revés. Su tendencia a correr hacia adelante cada vez que salíamos del fondo fue exasperante, no sólo porque no tiene sentido, sino porque hizo que cada vez que perdíamos la pelota, él debía correr de atrás a los rivales. La mayor parte del partido el equipo se paró con 2 en el fondo, Porras en el medio, Ribaír esperando por derecha y 6 jugadores merodeando el área esperando pelotazos. Y no mientras perdíamos y jugábamos a lo que sea, sino cuando íbamos 0 a 0.
Realmente, el partido de ayer fue de lo peor que he visto, desde todo punto de vista y desde el primer minuto al último.
Si acaso lo único positivo fue que no tiramos tantos pelotazos en la segunda mitad, sino que intentamos infructuosamente jugar de forma más asociada... y pudimos haber empatado, de no ser porque los de arriba andan torcidos (Pereiro definió débil en una ocasión, Alonso erró un par de goles que antes hubiese hecho tranquilamente, Fernández fue un lamento, a Tabó le trabaron dos remates que pudieron ser peligrosos, y al Chino le trabaron otros tantos).
Esperemos que el parate que viene ahora le sirva al plantel y al DT para ajustar todos los problemas que estamos mostrando, o es probable que luego del partido en Florida contra El Tanque ya comencemos a despedirnos del Campeonato Clausura.
Tenemos plantel para hacer más. No tenemos un "súper plantel" como muchos intentan hacer creer, pero sí tenemos un plantel que le puede ganar a cualquier equipo del país. ¡Si estos mismos jugadores ya lo han hecho, hace unos meses! Hay que recuperar la confianza y la convicción, y volver a hacer el juego que hacíamos en el Apertura.
Vamo' Nacional!
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