Hace unas horas volvimos a empatar 2 a 2 luego de empezar perdiendo 0-2; en esta oportunidad ante Cerro. Y, aunque esta vez no jugamos con uno menos durante todo un tiempo, el condimento hazañoso lo dio el minuto en el que encontramos el empate: el 47 del segundo tiempo.
De todas formas, el resultado (conseguido pura y exclusivamente a huevo, con el peso de la camiseta, y con ausencia total de fútbol) no nos sirve para nada. Estamos en 11° puesto en el Clausura y en el 4° en la Tabla Anual, en ambos casos a 6 puntos de los líderes.
Hoy en día el panorama es desalentador. Tenemos una victoria en 5 partidos en los que no hemos enfrentado a nadie de peso (3 de nuestros 5 rivales están entre los 4 peores equipos del torneo Clausura; y 4 están de mitad de tabla para abajo en la Anual), nos quedan sólo 2 partidos en el Parque de los 10 que restan en el campeonato; y, lo que es peor, no jugamos absolutamente a nada.
La prensa hoy dijo de todo, pero la verdad es que dentro de ese "de todo" está muy lejos de estar la realidad. Empezamos perdiendo 2-0 en 25 minutos, pero el equipo no estuvo jugando mal hasta ese momento (salvo alguna que otra individualidad -Albín- que deambuló por la cancha sin enterarse si estaba jugándose un partido de fútbol o se trataba de un paseo por la rambla); eso de "Nacional empezó dormido" es una desfachatez. Cerro aprovechó uno de los proverbiales errores defensivos de Adrián Romero (se le ocurrió correr a un rival que se quedaba en offside, a espaldas de Lembo, dejando absolutamente descuidado a un hombre en su sector) y luego aumentó en un gran contragolpe que nos agarró mal parados y dos de nuestros jugadores perdieron en velocidad (Díaz primero, luego Arismendi). No fue falta de actitud, no fue falta de vocación ofensiva, no fue falta de compromiso esta vez -a diferencia de contra Fénix, quizás, partido en el que debimos ser goleados de forma histórica en la primera media hora- lo que nos vio en desventaja a los 25 minutos: fue una absoluta incapacidad de dar dos pases seguidos en ataque, de enviar un buen centro, de dar un pase gol certero, de pegarle bien al arco; y, además, una dosis de mala suerte: Albín erró un gol a los 20 segundos y luego Abreu erró otro a los 10 minutos, cuando ya perdíamos 1-0... y más adelante tuvimos varias chances de al menos descontar en la primera parte.
Pero el equipo buscó. Luna, con llamativa torpeza, hizo lo que pudo primero por izquierda y luego por derecha. Damonte y Núñez buscaron incansablemente por derecha (pese a sus notorias limitaciones futbolísticas: mandar un buen centro es utópico para ellos dos) y Díaz hizo lo propio por izquierda. Pero todos ellos fueron incapaces de hacer el útlimo pase o de jugar correctamente en equipo (salvo la dupla Damonte/Núñez, que igualmente es torpe de por sí). En tanto, nuestro enganche, Albín, quien debía hacer el pase final para que lleguemos al gol, deambulaba entre ambos delanteros, esperando algún rebote para hacer un gol. Muy dececpionante lo suyo hasta ahora... un grave problema de actitud, o una llamativa falta de inteligencia a la hora de jugar.
En el segundo tiempo, curiosamente, y aunque jugamos llamativamente peor, descontamos tempranamente y empatamos pasada la hora gracias a dos ingresados: Bueno y Medina.
Por ahí dirán que dormimos en el primer tiempo y luego jugamos en serio en el segundo; pero creo que la explicación es otra: Cerro nos regaló el partido en el segundo tiempo y en base a cien pelotazos y notorias deficiencias defensivas de ellos, logramos empatar y hasta pudimos ganar con el último centro de Renato César (cuándo no, mal ejecutado cuando esperaban tres compañeros en el área contra dos rivales). Nos bastó con ímpetu, con pelotazos frontales, para complicar y hacer lo que no pudimos hacer jugando por abajo: goles. La actitud fue la misma, sólo que en el segundo tiempo explotamos mejor las deficiencias de ellos: las pelotas aéreas.
El mejor de los nuestros fue Damonte (pese a que creo que debió ser expulsado al inicio de la segunda mitad por doble amarilla -la prensa, siempre reinvindicatoria de cosas dudosas, pidió roja en el primer tiempo por una falta durísima, pero creo que con amarilla estuvo bien-): el jugador siempre buscó el espacio vacío para recibir, intentó armar el juego pese a sus limitaciones, metió como una caballo, ordenó a sus compañeros en la cancha, e incluso se encargó de levantar tiros de esquina y tiros libres cuando nos quedamos sin ejecutores dentro del campo. Él mismo debe sorprenderse de estar en un equipo en el que es necesario hacer todas esas cosas que, seguro, en otros planteles que estuvo no era necesario que las hiciera.
Del resto, poco para destacar. Bava tapó una notable que pudo ser el 1-3 y se mostró seguro siempre; en la defensa Lembo fue el único que sacó pelotas a los rivales, pero también cometió uno o dos errores y mostró un increíble falta de velocidad (fue el jugador más lento de la cancha, los rivales le sacaban 5 metros de distancia corriendo 10), Núñez y Díaz metieron como locos pero subieron mal y muchas veces no bajaron, Romero tuvo un partido tristísimo (su marca registrada) aunque levantó en la recta final del partido cerrando muy bien un par de contragolpes; Arismendi fue espantoso en los pases, pero colaboró bien en la marca; Albín demostró por qué no tiene cabida en Europa, Luna fue impreciso, blandito, improductivo, pero al menos intentó encarar (perdiendo generalmente); Alonso alternó una bien con una mal pero se le nota falto de fútbol aún, y Abreu hizo lo que pudo, bajó pelotazos, luchó, jugó para sus compañeros (aunque no siempre bien), pero no tuvo ni una chance de gol amén del cabezazo a los 10 minutos. Bueno entró por Albín e hizo el descuento, pero luego mostró carencias notorias para definir las jugadas (ya sea tirando al arco o buscando un pase), César -que entró por Luna- intentó jugar a lo Luna y le salió idéntico: más pelotas perdidas que productividad real (igualmente fue buena la intención que tuvo de desbordar y encarar) y Medina -ingresado por Abreu- fue puro corazón, como siempre, corrió a todos, le taparon un gol, pero hizo el empate agónico.
El empate, aunque agónico y meritorio, es inútil. No sólo nos deja enormes preocupaciones en lo futbolístico, sino también en lo numérico. El Clausura está complicado, la Anual también... y lo más grave es que nos alejamos de los puestos de clasificación a la Copa Libertadores. El equipo, por como está jugando, no puede ser campeón Uruguayo, pero sería imperdonable que no clasificáramos a la Libertadores 2014.
El sábado nos toca Danubio (mejor conocido como "los alcahuetes"), como visitantes, y hay que ganar en ganar. Estamos mal, el campeonato está lejano, pero siempre hay lugar para los milagros, así que hay que tener fe.
Vamo' Nacional, pese a todo!
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